Danza Ashua Ruray de Ancash: Significado, Vestimenta y Música

La danza Ashua Ruray constituye una de las representaciones artísticas y etnológicas más vigorosas de la provincia de Sihuas, específicamente del pueblo de San Miguel, en el distrito de Chingalpo, departamento de Áncash. Esta manifestación costumbrista traduce al lenguaje corporal, espacial y escénico un hecho social e indispensable para la convivencia andina: la elaboración artesanal de la ashua o chicha de jora.
A diferencia de las danzas costeras de carácter exclusivamente agrícola o aquellas coreografías mestizas que satírizan pasajes coloniales, la Ashua Ruray se sumerge en las dinámicas de la reciprocidad comunal y preámbulos rituales. Aquí, la preparación de la bebida actúa como el núcleo energético que sostendrá el esfuerzo físico colectivo en faenas comunales y celebraciones religiosas de la región.
Origen e Historia de la Danza
El trasfondo cronológico de la danza Ashua Ruray se remonta a las prácticas prehispánicas de transformación de alimentos, estrechamente ligadas al culto de los recursos agrícolas y la veneración de la Pachamama. Etimológicamente, la denominación proviene de dos vocablos quechuas: ashua, que alude a la chicha de maíz fermentado, y ruray, que se traduce como acción o manufactura, significando en conjunto el proceso completo de elaboración de la chicha de jora.
Históricamente, este acontecimiento comunitario no se realizaba de manera espontánea; constituía una actividad colectiva minuciosamente planificada semanas o días antes de eventos cruciales como la siembra, los aporques, los tirapos o la esperada cosecha de trigo o trigo aruy, garantizando que el licor alcanzara su punto óptimo de maduración y fermentación.
La estructuración de este hecho social en una propuesta coreográfica para el folklore nacional se consolidó mediante la observación de los maestros comunitarios y recopiladores ancashinos. Estos investigadores detectaron la riqueza performática que albergaban los hogares de San Miguel durante los días previos a las fiestas patronales del mes de septiembre.
Al llevar estos gestos laborales e íntimos a los escenarios, la danza adquirió un carácter de salvaguarda cultural, asegurando que las técnicas tradicionales de molienda y los cantos de aliento no desaparecieran ante los procesos tecnológicos modernos de industrialización alimentaria.
Significado y Mensaje Cultural
El mensaje central que proyecta la Ashua Ruray se cimienta en el principio del ayni o ayuda mutua y en la estructuración de la dualidad andina. La chicha de jora sobrepasa la categoría de un simple refresco o bebida embriagante; es un elemento ritual sagrado que sella compromisos comunales, apacigua las fatigas de las jornadas cordilleranas y propicia la armonía comunitaria.
La puesta en escena muestra de forma transparente cómo la preparación de la ashua requiere la sincronización absoluta de toda la colectividad, articulando los esfuerzos familiares en beneficio del bien común.
A lo largo de la coreografía, se hace evidente una dimensión social complementaria ligada al cortejo y la continuidad del ayllu. Cuando las labores más pesadas de la molienda y la cocción concluyen al declinar el día, el ambiente se transforma en un espacio festivo. Los varones emplean la energía acumulada para desplegar un zapateo enérgico y movimientos corporales expansivos, buscando capturar la atención de las mujeres a través de silbidos, cantos nativos y ademanes de conquista. Ellas responden regulando el ritmo con giros cadenciosos de sus faldas, demostrando que la producción del alimento y el florecimiento de los lazos afectivos forman parte de un mismo ciclo vital.
Fases Coreográficas de la Elaboración
Para comprender la progresión dinámica de la danza, es necesario descomponer analíticamente las cuatro etapas principales que los intérpretes recrean con precisión corporal sobre el espacio escénico:
- Llegada y desgranado de la mazorca: Las mujeres ingresan de manera organizada portando las mazorcas de maíz previamente seleccionadas. Se ejecutan movimientos manuales rítmicos que simulan el desgranado, cuyos granos se trasladan conceptualmente a espacios húmedos y oscuros para inducir la germinación o aparición de la pequeña raíz que dará vida a la jora.
- Molido del maíz en los batanes: Los varones asumen la dirección de la labor de molienda empleando los tunayes, que son piedras convexas pesadas. La coreografía exige un balanceo anatómico coordinado del torso hacia adelante y hacia atrás sobre los batanes de piedra dura, triturando el grano seco de jora hasta transformarlo en un polvillo fino.
- Cocción y dosificación en peroles: La harina resultante se vierte en ollas de barro o peroles colmados de agua en ebullición. En este punto de la danza, los actores escenifican la adición de ingredientes tradicionales que optimizan el dulzor y la textura de la mezcla, tales como la chancaca oscura, porciones de caña de azúcar machacada y patas de toro, elemento aglutinante típico de la culinaria local.
- Filtrado, traslado y reposo: Una vez completada la cocción, la infusión hirviente es pasada por mantas limpias de tocuyo a modo de colador. Posteriormente, el líquido purificado se vierte en los urpos o grandes cántaros de arcilla cocida, donde reposará sellado para iniciar su proceso natural de fermentación.
Vestimenta y Atuendos Típicos

La indumentaria vestida en la danza Ashua Ruray mantiene una correspondencia directa con la indumentaria de uso diario y tradicional del poblador del entorno rural de la provincia de Sihuas. Los varones calzan las clásicas ojotas hechas de jebe neumático reciclado, ideales para adherirse con firmeza a los suelos accidentados.
Visten pantalones oscuros confeccionados en bayeta de lana, camisas de tocuyo de tonos claros y chalecos tejidos que resguardan el pecho. Corona su atuendo un sombrero de paño de ala corta, complementado con un pañuelo de color encendido amarrado firmemente alrededor del cuello, útil para simular el secado del sudor originado por el rigor del trabajo manual de la molienda.
Las mujeres lucen un conjunto textil de gran vistosidad y valor antropológico. Portan múltiples polleras superpuestas confeccionadas en tela de bayeta, cuyos bordes inferiores exhiben cenefas con iconografías bordadas a máquina o a mano que reproducen las formas florales de las alturas ancashinas.
En el torso llevan blusas de colores saturados con aplicaciones sencillas de encaje en los puños y el pecho. Cruzando los hombros, se sujetan una lliclla o manta tejida mediante un tupu o prendedor metálico tradicional. Las cabezas femeninas se cubren con sombreros de paja de copa estructurada y cintas oscuras, logrando una estampa visual compacta que resalta el garbo de las mujeres de San Miguel durante el ajetreo coreográfico.
Música e Instrumentos Utilizados
El marco musical que determina la velocidad y los acentos de la Ashua Ruray está cimentado en la sonoridad telúrica de las roncadoras, un ensamble instrumental bicentenario propio de la serranía de Áncash. Esta música no recurre a las orquestas de metales o bandas modernas; la responsabilidad sonora recae en los músicos denominados cajeros, quienes poseen la habilidad técnica de interpretar dos instrumentos de manera simultánea.
Con una de sus manos, el músico sostiene una flauta de madera alargada y de embocadura simple que emite melodías de timbres agudos y penetrantes; en paralelo, con la mano opuesta percute la caja o bombo nativo, un tambor cilíndrico construido con maderas de la zona y parches de cuero tensado. La vibración conjunta de la flauta y el parche produce ese sonido peculiar, sordo y constante que da nombre a las roncadoras.
Este compás persistente guía el zapateo de los bailarines y es quebrado de forma natural por los gritos colectivos, exclamaciones de festejo y silbidos de los hombres, configurando una atmósfera sonora rústica que evoca de inmediato las reuniones comunales de la provincia de Sihuas.
Importancia Actual y Festividades
En el panorama cultural contemporáneo, la Ashua Ruray sobrepasa los márgenes de una simple escenificación escolar para constituirse en un elemento vivo de autoafirmación identitaria en San Miguel y los distritos aledaños de la cuenca del río Rupac.
Su ejecución adquiere su máxima relevancia pública durante las festividades de la siembra y en las celebraciones patronales del mes de septiembre, fechas en las cuales los habitantes que migraron a los centros urbanos retornan al pueblo para reconectarse con sus raíces.
Las nuevas generaciones desempeñan un rol de primer orden en la conservación de esta herencia coreográfica. Al integrar las agrupaciones de danzas y replicar las mudanzas tradicionales con absoluto apego a la herencia de sus mayores, los jóvenes actúan como barreras contra el olvido.
La danza Ashua Ruray ratifica que mientras el sonido característico de las roncadoras continúe congregando a la comunidad y se respete el valor del trabajo cooperativo, la memoria histórica del hombre de las alturas de Áncash seguirá protegida frente a las influencias externas de la globalización.

ASHUA RURAY-ACARHA PERÚ
Asociacion cultural AUQUISH RAFAELO DE HUAYLLACAYAN